La fiesta de las ideas: los dos primeros siglos de Dostoievski / La Semanal

Encuentra aquí el nuevo número completo de La Jornada Semanal.

En este artículo se reúnen muchas y diversas voces sobre la obra del gran narrador ruso Fiódor Dostoievski y, como se verá, no cabe duda de que el genio evoca, e invoca, opiniones contrarias, extremas y paradójicas, pero difícilmente indiferencia, tanto cala en el alma y la naturaleza humana su obra.

Como suele suceder con la obra de los grandes escritores de todos los tiempos, lo que se ha escrito sobre la creación y sobre la vida misma de Fiódor Dostoievski (1821-1881) supera con creces lo que el propio escritor alcanzó a escribir en toda su vida. La exégesis siempre rebaza los frutos de escritores así, la interpretación es tan polifónica como la diversidad de voces de sus novelas, la hermenéutica de su obra se prolonga casi sin término durante varias generaciones. Dostoievski dejó una gran herencia literaria que la crítica no parece haber agotado hasta ahora, aunque los rasgos característicos de su escritura aparentan ser suficientemente claros. Es, en esencia, un escritor-investigador minucioso de las profundidades del alma humana, un analista de sus sutiles estados de ánimo. La vida le parece extraordinariamente enrevesada y natural, llena de contradicciones y enigmas insolubles. La característica principal de sus obras estriba en la complejidad y naturalidad de los personajes, en la diversidad de registros y voces peculiares que actúan al mismo tiempo, en permanente movimiento, entre la mente, el corazón, el pensamiento sagaz y la fe ciega. Y en este contexto son incontables los comentaristas de su obra en Occidente, desde Nietzsche y Freud, hasta Joseph Frank y George Steiner, pasando entre otros por Stephen Zweig, Cioran, los existencialistas Sartre y Camus, y una legión de intelectuales, escritores y lectores de diversos países y lenguas, algunos de los cuales no dudan en colocarlo como uno de los más grandes escritores de todos los tiempos.

En Rusia, sin embargo, la percepción adquiere matices diferentes. Desde Nikolái Nekrásov, quien al leer el manuscrito de la primera novela de Dostoievski en 1846 sólo pudo expresar “¡Un nuevo Gógol ha surgido!”, hasta el extenso y singular estudio Problemas de la poética de Dostoievski de Mijaíl Bajtín (1963), donde se expone el concepto de polifonía textual, la narrativa de Dostoievski ha sido sometida a un zigzagueante escrutinio, unas veces de clara seducción, y otras de crudo rechazo. Al recoger los juicios tanto de sus contemporáneos, como de sus descendientes literarios rusos, los resultados no pueden ser más controvertidos. Hay quienes aman la obra de Dostoievski por su penetración psicológica, la exploración del mal y la pasividad del bien, por el misterioso principio místico que parece dominarlo todo en algunos de sus personajes, incluso por la incidencia melodramática que conlleva su estilo y que fascina a muchos lectores. Pero hay quienes lo detestan por estas mismas razones.

El crítico más importante de Rusia en aquellos años en que Dostoievski se iniciaba como escritor, Vissarión Belinski, saludó su primera novela asegurando que la fuerza principal de su talento lo constituía “la comprensión profunda y artística, en el pleno sentido de la palabra, del lado trágico de la vida”. Por su parte, el agudo Nikolái Dobroliúbov escribió, después de leer Recuerdos de la casa de los muertos: “Si ven a Dostoievski, díganle que lo amo.” Décadas después un personaje femenino de un relato de Chéjov expresa:
“lo importante es que soy infeliz. Soy una mártir al gusto de Dostoievski”, y a mediados del siglo xx el con frecuencia injusto y desmedido Nabókov arguye que Dostoievski es un escritor “bastante mediocre, con llamaradas de humor insuperable, que, por desgracia, se alternan con largos vacíos de banalidades literarias […] Pero me doy cuenta de que el lector común y corriente se sentirá apabullado por los argumentos esgrimidos por el escritor.”

Para esta entrega con motivo del bicentenario del nacimiento del gran escritor ruso he traducido desde su lengua nativa un breve muestrario de sentires y opiniones diversas, a veces contrapuestas, sobre el alcance y la espesura de la obra dostoievkiana, vertidas por escritores, artistas y hasta políticos rusos, a lo largo de muchas décadas. Las notas sobre los autores son del traductor.

* * *.

“En las obras de Dostoievski encontramos un rasgo común, más o menos visible en todo lo que ha escrito: el dolor del hombre que no puede reconocerse a sí mismo, o que al fin ni siquiera tiene derecho a ser un hombre verdadero, completo, independiente, en sí mismo”.

Visarión Belinski (1811-1848) el primer crítico literario en observar el gran valor de las obras de Pushkin, Griboiedov, Gógol, Lérmontov, Dostoievski y mucho otros

* * *.

“Dostoievski pertenece a aquellos escritores que logran revelarse (descubrirse) en su obra. Su obra refleja todas las contradicciones de su espíritu, todas sus profundidades abismales. La creatividad no es para él, como para muchos, el encubrimiento de todo aquello que ocurre en la profundidad. No oculta nada, por lo que consigue hacer un gran descubrimiento sobre el ser humano. En el destino de sus personajes narra su propio destino, en sus dudas relata sus propias dudas, en sus bifurcaciones refiere sus propias bifurcaciones, en su experiencia criminal describe los crímenes secretos de su propio espíritu. La particularidad de su genio es tal que puede relatar en su obra, con toda profundidad, sobre su propio destino, que es, sin embargo, el destino de todo ser humano…”

Iván Turguéniev (1818-1883), uno de los grandes escritores rusos, muchas veces enfrentado con Dostoievski, fue señalado de “occidentalista”

* * *.

“Leyendo a otro escritor, captas en el pensamiento cómo es de hábil y talentoso lo que está escrito, e incluso envidias su maestría. Pero leyendo a Dostoievski, te olvidas por completo de cómo todo está hecho, porque todo esto no está escrito, sino sufrido, y vive ya por sí solo.”

“Es un verdadero escritor, con búsquedas profundas, no como cualquier Goncharov” (se refiere a Iván Goncharov (1812-1891) autor de novelas excepcionales como Oblómov y El mal del ímpetu).

Lev Tolstói (1828-1910). Sergio Pitol comenta en De la realidad a la literatura (Ariel México, 2002): “Comparado con Tolstói, Dostoievski es un gigante de la oscuridad, mientras Tolstói lo es de la luz.”

“Desde que la literatura se convirtió en un factor importante en la vida de los pueblos, los grandes escritores han tratado muchas veces de reflejar en sus obras el sufrimiento de la gente. En Rusia, Dostoievski es ejemplo de ello.”

Lev Tolstói (En carta dirigida a n. Strajov).

* * *.

“Dostoievski, como una mujer nerviosa y ebria, se aferró a lo ‘canallesco’ en la Rus y se convirtió en su profeta”.

“Dostoievski es el escritor más íntimo, más profundo, así que al leerlo es como si escucharas tu propia alma, sólo que más hondo de lo habitual.”

Vasili Rozánov (1856-1919) filósofo religioso, crítico literario y publicista.

* * *.

Sobre Los hermanos Karamazov. “En esta novela, como siempre en Dostoievski, aparecen en escena ciertos extraños estrafalarios, ciertas figuras mórbidas y nerviosas que se parecen más a los seres de la región del delirio febril y del ensueño, que a la gente real. Como siempre en Dostoievski, en esta novela también hay algo escabroso, melancólico, desesperado, y como siempre suceden por momentos episodios casi geniales, ciertas revelaciones inconcebibles de análisis artístico. Aquí me impresionó, me conmovió hasta el llanto, hasta un arrebato de histeria, una escena en la que el anciano Zoshima recibe a los pacientes que llegan con él a buscar curación a sus males.”

“Leo Los hermanos Karamazov y ansío acabar pronto. Dostoievski es un escritor brillante, pero antipático. Cuanto más lo leo, más me abruma.”

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893)

* * *.

“Usted no cree, bueno, yo sí. Dostoievski o Voltaire dicen que si no hubiera Dios, la gente lo inventaría. Y yo creo profundamente que si no hay inmortalidad, tarde o temprano la inventaría la gran mente humana.”

Anton Chéjov (1860-1904) en el relato “Sala No. 6.”

“¡Descríbame, Voldemar! –dice la damita sonriendo tristemente.– Mi vida es tan llena, tan diversa, tan abigarrada. Pero lo importante es que no soy feliz. Soy una mártir al gusto de Dostoievski.”

Anton Chéjov en el relato “Naturaleza misteriosa.”

* * *.

“Rusia se le dibujaba como un alma inmensa e incontenible, como un océano de enormes contradicciones. Pero justamente ese país bárbaro, ignorante, en la cola de la civilización, de Pedros Grandes y autosacrificados se le dibujaba como el más capaz de dar al mundo algo nuevo, luminoso y grande… Es a partir de su desamparo, de sus tormentos, de sus cadenas, que el pueblo ruso, según Dostoievski, puede extraer todas las elevadas cualidades espirituales necesarias que la forma de vida de Occidente nunca conseguirá”

Máximo Gorki (1866-1936).

* * *.

“El talento de Dostoievski corresponde a la categoría de aquellos que ocurren y se reconocen de manera paulatina. Muchos de los talentos que se opondrán a él, terminarán por olvidarse justo en el momento en que él alcance el apogeo de su fama.”

Anatoli Lunacharski (1875-1933), políglota, dramaturgo, crítico literario, Comisario de Instrucción Pública del primer gobierno soviético. Defensor de escritores y artistas ante los abusos del nuevo poder. Invitó a Isadora Duncan a fomentar escuelas de ballet en Rusia.

* * *.

“Él es nuestro, con todos sus pensamientos, con todos sus sufrimientos… Dostoievski por algunos momentos está más cerca de nosotros que aquellos con los que vivimos y amamos, más cerca que nuestros familiares y amigos. Es un compañero en la enfermedad, un cómplice no sólo en el bien, sino en el mal, y nada acerca más a la gente que las deficiencias comunes. Conoce nuestros pensamientos más secretos, los deseos más criminales de nuestro corazón. A menudo, cuando lo lees, sientes miedo de su omnisciencia, de esa profunda penetración en la conciencia de los demás”

Dmitri Merezhkovski (1865-1941) escritor, poeta y crítico literario, autor del decisivo ensayo Gógol y el diablo.

* * *.

“Es un autor malévolo que metió a Cristo en todas sus novelas de bulevar. ¡Una rústica charlatanería pseudopopular constituye su carácter literario!”

Iván Bunin (1870-1953), escritor, poeta y primer Premio Nobel de Literatura ruso (1933)

* * *.

“No lo publicamos, porque influye negativamente en los jóvenes. Pero es un gran escritor.”

Iósif Stalin (1879-1953), dirigente y dictador soviético

* * *.

–Dostoievski ha muerto –dijo la ciudadana, pero no estaba muy segura.

— ¡Protesto! –exclamó iracundo Biegemot.– ¡Dostoievski es inmortal!

Mijaíl Bulgákov (1891-1940) en El maestro y Margarita.

* * *.

“Experimento un sentimiento de cierta incomodidad al hablar de Dostoievski. En mis conferencias, normalmente miro la literatura desde un único ángulo para mí interesante, es decir el fenómeno del arte mundial y la revelación del talento personal. Desde este punto de vista, Dostoievski no es un gran escritor, sino uno bastante mediocre, con llamaradas de humor insuperable, que, por desgracia, se alternan con largos vacíos de banalidades literarias… No niego que quisiera apasionadamente refutar a Dostoievski. Pero me doy cuenta de que el lector común y corriente se sentirá apabullado por los argumentos esgrimidos por el escritor.”

Vladímir Nabókov (1899-1977).

* * *.

“Dostoievski, entre los grandes nombres de la literatura mundial, no se encuentra adelante o atrás de alguien, sino arriba de ellos. Es un escritor de otro horizonte donde no tiene iguales. Hubo y hay talentos que brillan, luminosos, fuertes, valientes, sabios y amables, pero no hubo ni hay (y no habrá, según mi parecer) en la literatura fenómeno más profundo, más medular, más necesario, más dirigido a lo humano y lo eterno, que Dostoievski. El pensamiento humano parece haber llegado al linde y haber mirado el mundo más allá de los límites… Parece que alguien detuvo la mano del gran escritor y le impidió terminar su última novela, alarmado por su enorme fuerza sibilina. Esto era más de lo que a un hombre se le podía permitir; gracias a Dostoievski es que el hombre ha sabido demasiado sobre sí mismo, para lo cual parece no estaba preparado.»

Valentín Rasputin (1937-2015) escritor siberiano autor de novelas como Vive y recuerda, Lecciones de francés y Siberia bajo fuego.

* * *.

“Todas sus novelas, casi sin excepción, tienen que ver con gente en circunstancias difíciles. Semejante material ya es en sí mismo una garantía de lectura cautivadora. Sin embargo, Dostoievski se convirtió en un gran escritor no por las estratagemas de sus argumentos ineludibles, ni siquiera por su don único de análisis psicológico y conmiseración, sino gracias al instrumental o, más precisamente, a la mixtura corpórea del material que utilizaba, es decir, gracias al idioma ruso.”

Joseph Brodsky (1940-1996) poeta, ensayista, traductor, Premio Nobel de Literatura.

* * *.

“Dostoievski no sabía toda la verdad sobre el mal. Creía que si matabas a una anciana usurera, entonces después te roería el suplicio de conciencia por el resto de tu vida, y al final confesarías tu delito y te enviarían a Siberia. Pero nosotros sabemos que se puede fusilar a diez o quince personas en la madrugada, y en la noche, al regresar a casa, enjabonar la cabeza a la esposa para mejorar su peinado.”

Anna Ajmátova (1889-1966), figura representativa de la poesía acmeísta rusa junto con Nikolái Gumiliov y Osip Mandelstam, se convirtió en una de los poetas más importantes del siglo xx.

We would like to give thanks to the writer of this post for this outstanding material

La fiesta de las ideas: los dos primeros siglos de Dostoievski / La Semanal