Etiopía: Qué está pasando en Tigré con la guerra

La creciente guerra en Etiopía cumplió su primer año el 4 de noviembre, entre esfuerzos urgentes de las Naciones Unidas por llamar a la calma y el cese al fuego. Fuerzas de la región de Tigré tomaron varias ciudades clave en los últimos días y unieron fuerzas con otro grupos armados, lo que llevó al gobierno del segundo país más poblado de África a declarar el estado de emergencia.

La intervención rápida y acotada prometida por el premio Nobel de la Paz, Abiy Ahmed, que lanzaba una operación militar en la región de Tigré, se transformó en un conflicto duradero, jalonado por masacres y violaciones, y amenaza con hundir el norte del país en la hambruna.

¿Cómo inició la guerra en el norte de Etiopía?

Tras el final de la Guerra Civil de Etiopía en 1991, —en la que se derrocó a la monarquía—, el país se convirtió en una gobierno de partido único: el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope, que estaba en coalición con un partido étnico el Frente de Liberación del Pueblo del Tigré (TPLF)— en el cual Meles Zenawi, su miembro fundador, fue el primer ministro del país hasta su muerte en 2012. 

En 2018, el TPLF fue derrocado en el poder por el gobierno federal debido a su altísima impopularidad tras haber gestionado el Tigré durante 27 años consecutivos.

Tras perder las elecciones en ese mismo años, y ser expulsados del gobierno federal, los funcionarios del partido étnico se trasladaron al Tigré y continuaron administrando la región durante tres años chocando frecuentemente con el gobierno federal, desafiaron al Ahmed y se negaron a permitir que la Policía Federal de Etiopía arrestara a Getachew Assefa , ex jefe del Servicio Nacional de Inteligencia y Seguridad (NISS) de Etiopía y miembro ejecutivo del TPLF.

En diciembre de 2019, Ahmed fusionó los partidos étnicos y regionales del EPRDF que había gobernado Etiopía durante 28 años— y varios partidos de la oposición para fundar el nuevo Partido de la Prosperidad.

El partido del Tigré se negó a unirse al nuevo partido y acusó al Premio Nobel de la Paz de convertirse en un gobernante ilegítimo por haber reprogramado las elecciones generales fijadas para el 29 de agosto de 2020, esto debido a la pandemia de covid-19. 

Las tensiones entre el gobierno federal y el partido del Tigré se fueron incrementando en cuestión de meses. No solo el TPLF, sino incluso la rama en la región del propio Partido de la Prosperidad expresó su temor por una invasión de Eritrea, en donde se mantiene un conflicto por la delimitación de las fronteras entre ambos países

El partido del Tigré realizó las elecciones en septiembre, mismas que fueron desconocidas por el gobierno federal, declaradas como ilegales y recortó drásticamente los fondos para la región. Incluso, Adís Abeba prohibió a los periodistas cubrir las elecciones regionales.

A fines de octubre de 2020, la Comisión de Reconciliación de Etiopía declaró que estaba tratando de mediar entre los gobiernos federal y regional y el TPLF, pero que las condiciones previas establecidas por todas las partes estaban bloqueando el progreso.

El 4 de noviembre de 2020, las Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía —el ejército del paísatacó un cuartel controlado por las Fuerzas Especiales de Tigré, allegadas al TPLF, y con ello inició el conflicto en el país.

Abiy Ahmed anunció que esta operación militar permitiría detener a los dirigentes del Frente de Liberación del Pueblo de Tigré. Según él, la intervención era inevitable después de que el TLPF atacara dos bases militares del ejército en la zona. El partido regional desmintió toda responsabilidad y la acusó de haber iniciado el conflicto.

Después de semanas de ataques aéreos y combates, así como de un intento de formar un gobierno interino, el ejército federal tomó el control de la capital regional Mekele el 28 de noviembre. El primer ministro cantó victoria. Pero en junio de 2021, el partido del Tigré lanzó un contraataque que le permitió reconquistar la mayor parte de la zona. El ejército etíope se retiró y el gobierno de Abiy declaró un “alto el fuego humanitario”.

El aumento del conflicto y el crecimiento de la crisis humanitaria

Después del Tigré, el TLPF extendió su ofensiva a las regiones vecinas de Afar y Amhara para impedir, según sus dirigentes, que las tropas rivales se reagrupen y para romper lo que la ONU describió como un “bloqueo de facto” de la región.

Ahmed, por su parte, tras haber ganado las elecciones en país, llamó a una movilización nacional contra los “terroristas” del TLPF. Estas últimas semanas, los combates se concentraron en Amhara, al sur de Tigré. Las comunicaciones están cortadas en una gran parte del norte de Etiopía y el acceso de periodistas está restringido, con lo que es difícil verificar las posiciones en el terreno.

Tigré ha sido escenario de pocos combates desde finales de junio, aunque la aviación etíope llevó a cabo bombardeos que mataron al menos cuatro civiles a finales de octubre. El gobierno asegura dirigir sus ataques a instalaciones rebeldes. El partido del Tigré responde que estos muestran el desprecio de la autoridad federal por las vidas civiles.

Sin embargo, el conflicto desembocó en una crisis humanitaria. Más de 400 mil personas superaron el “umbral de la hambruna” en el Tigré, que fue alertado en julio un alto responsable de la ONU. Desde entonces, la situación no hizo más que empeorar. A su vez, ha habido miles de desplazados hacia Sudán, en que también se ha denunciado cierto intervencionismo del país en la guerra junto con algunas fuerzas armadas en Somalia.

Servicios básicos como electricidad, bancos o telecomunicaciones “son rechazados por el gobierno etíope”, afirmó en septiembre un vocero del departamento de Estado de Estados Unidos, evocando “señales de un estado de sitio”. Tanto Adís Abeba como los rebeldes del Tigré se acusan de haber cometido crímenes de guerra en que destacan “limpieza étnica”, agresiones sexuales, y detenciones de trabajadores humanitarios. 

Las Naciones Unidas estimaron que un centenar de camiones de ayuda deberían entrar a diario en el Tigré para atender las necesidades de la población. Desde mediados de julio, solo lo hizo un 15 por ciento de esta cifra. De acuerdo con la agencia AFP, en octubre se pudo confirmar con baso a documentos internos y organizaciones humanitarias en el lugar, que el hambre está causando muertes en la región.

El gobierno culpa a las incursiones rebeldes del Tigré en Afar y Amhara de estas dificultades. Pero la ayuda también se ve obstaculizada por las querellas entre el poder federal y las organizaciones humanitarias.

En septiembre, Etiopía expulsó a siete altos responsables de agencias de la ONU, entre ellas Unicef y la Oficina de Coordinación Humanitaria, acusándolos de “injerencia”. El gobierno de Abiy Ahmed rechazó toda mediación, incluida de la Unión Africana, en lo que considera un asunto interno etíope.

En octubre, la ONU retiró a dos otros altos responsables tras la difusión de grabaciones donde criticaban a sus colegas y criticaban al TLPF, violando el principio de neutralidad de la organización. La crisis humanitaria se expandió más allá del Tigré, con cientos de miles de civiles desplazados por combates en Afar y Amhara.

Fuerzas de la región de Tigré tomaron varias ciudades clave en los últimos días y unieron fuerzas con otro grupo armado, lo que llevó al gobierno del segundo país más poblado de África a declarar el estado de emergencia.

Un grupo rebelde de la etnia oromo, aliado del TPLF que lucha contra las fuerzas progubernamentales en el norte de Etiopía, declaró el miércoles a la agencia AFP que la toma de la capital Adís Abeba podría ser no sólo en “cuestión de meses, si no de semanas”.

El Frente de Liberación del Pueblo del Tigré (TPLF) afirmó este fin de semana haber tomado dos ciudades estratégicas, Dessie y Kombolcha, 400 kilómetros al norte de Adís Abeba, sin descartar marchar hacia la capital. El gobierno etíope negó que los rebeldes del Tigré hayan tomado dos ciudades estratégicas y aseguró que sus soldados están luchando para mantener su control.

“Están habiendo combates feroces en los frentes de Dessie y Kombolcha”, dijo el vocero del gobierno, Legesse Tulu, en una rueda de prensa, en referencia a las dos localidades que, según los rebeldes, cayeron en manos del TPLF durante este fin de semana.

Las autoridades de la capital, Adís Abeba, pidieron a la población que se organice y se prepare para defender a sus barrios, mientras los combates entre las fuerzas progubernamentales y los rebeldes de Tigré causan estragos a unos cientos de kilómetros al norte.

¿Cómo ha reaccionado la comunidad internacional ante el “cese al fuego”?

En estos últimos días, diplomáticos extranjeros han intensificado esfuerzos para intentar lograr un cese de las hostilidades.

El enviado especial de Estados Unidos en la región, Jeffrey Feltman, tenía previsto visitar el país durante la tercera semana de noviembre, y el presidente de la vecina Kenia, Uhuru Kenyatta, pidió un cese el fuego inmediato. Incluso, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución para finalizar el conflcito en el Tigré.

La falta de diálogo “ha sido especialmente preocupante”, dijo el presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, en un comunicado. La guerra ha dejado miles de muertos y desplazado a millones de personas desde 2020, y ahora amenaza con llegar a la capital, Adís Abeba.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, firmó un decreto autorizando sanciones contra los beligerantes si no se comprometen a una solución negociada. Kenia también ha reforzado la seguridad en sus fronteras por temor a una oleada de etíopes que huyan de la guerra, conforme se expande una de las peores crisis humanitarias del mundo.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, advirtió el 12 de noviembre del riesgo de implosión en Etiopía, con desastrosas consecuencias para la región, a menos de que el gobierno y los rebeldes negocien un acuerdo.

No alcanzar algún pacto “llevaría a la implosión de Etiopía que se desbordaría hacia otros países en la región, y eso sería desastroso para el pueblo etíope y también para los países” vecinos, dijo Blinken a periodistas.

Por su parte, el Ministerio de Exteriores de Kenia dijo que “deberían rechazarse” las declaraciones que incitan a los ciudadanos de a pie a sumarse al conflicto.

Estados Unidos incluso, impuso sanciones contra el gobierno de Eritrea este viernes, en respuesta a su decisión de enviar tropas a la región etíope de Tigré para respaldar al primer ministro Abiy Ahmed, en que el régimen del país vecino calificó la medida de “ilícita e inmoral”.

La Alta Comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, denunció que el conflicto en el Tigré está marcado por una “brutalidad extrema” y todos los actores involucrados pueden haber cometido “crímenes contra la humanidad”, al presentar una investigación sobre la guerra.

“Existen motivos razonables para creer que todas las partes (…) cometieron violaciones del derecho internacional, de los derechos humanos, del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los refugiados, algunas de las cuales pueden constituir crímenes de guerra y contra la humanidad”, concluye este informe.

En agosto, la Unión Africana designó al antiguo presidente nigeriano, Olusegun Obasanjo, como Alto Representante del Cuerno de África. Fuentes diplomáticas aseguran que éste responsable ha estado trabajando para organizar una negociación.

Pero por ahora, los esfuerzos por entablar las conversaciones han fracasado. Un asistente del Congreso dijo a finales de octubre a la agencia AP que “ha habido conversaciones sobre conversaciones con funcionarios, pero cuando llegan al nivel de Abiy y los líderes (de las fuerzas de Tigré), las demandas son muchas, y Abiy Ahmed no quiere hablar”.

En lugar de eso, el primer ministro ha vuelto a llamar a los ciudadanos a alzarse y “enterrar” a las fuerzas de Tigré, que dominaron durante años el gobierno nacional hasta que él llegó al poder. Facebook dijo el miércoles que había eliminado una publicación del mandatario en el que empleó ese término, y afirmó que incumplía sus normas contra la incitación a la violencia. Fue una decisión inusual contra un jefe de Estado o de gobierno.

Sin embargo, el gobierno etíope evocó este 11 de noviembre cuáles son sus condiciones para eventuales discusiones con los rebeldes de la región del Tigré, tras varios días de intensas negociaciones diplomáticas para evitar una nueva escalada de los combates.

El gobierno central pide un alto el fuego, la retirada de los rebeldes de las regiones de Amhara y Afar y el reconocimiento de la legitimidad del gobierno central. A cambio, el TPLF exigió la entrada a Tigré de ayuda humanitaria, bloqueada desde el 18 de octubre. Unos 364 camiones aguardan una autorización de ingreso, según la ONU.

“Para que haya una solución pacífica, se necesitan dos” partes, declaró la vocera del ministerio de Relaciones Exteriores de Etiopía, Dina Mufti, ante periodistas este jueves. Hay condiciones para ello. La primera, que detengan sus ataques. En segundo término, que abandonen las regiones a las que ingresaron (Amhara y Afar). Y, tercero, que reconozcan la legitimidad del actual gobierno”, señaló.

dmr

We would love to give thanks to the writer of this post for this awesome material

Etiopía: Qué está pasando en Tigré con la guerra